Un físico en el mundo de la consultoría

En la web del colegio oficial de físicos encontramos un interesante enlace, ¿Para qué sirven los físicos?, donde Francisco J. Martínez, Director General de TEA CEGOS DEPLOYMENT, explica con gran sentido del humor en qué consiste su labor como físico en el mundo de la consultoría. Su intervención tuvo lugar durante la celebración de las Bodas de Plata de la promoción 1974-79 de físicos de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Zaragoza.

[A continuación reproducimos dicho texto, ya que la página web no está disponible]

Cuando hace un mes aproximadamente Jesús González Gago me comprometió sin derecho a réplica, a que preparara una explicación sobre mi trabajo, con la premisa de no sobrepasar bajo ningún pretexto los cinco minutos de exposición, no pensé que el encargo pudiera ser tan complejo como finalmente me ha resultado, pues de entrada, he tenido que preparar mi intervención para leerla, porque de no ser así, seguro que sobrepasaría largamente el poco tiempo estipulado. Intentaré pues ceñirme estrictamente al guión.

Mi primer oficio, cuando finalmente conseguí salir vivo de los 14 meses de mili en Melilla (sin duda los más desagradables y baldíos de toda mí vida), fue el de consultor, aunque en aquel entonces, en la multinacional francesa a la que pertenecía, a mi oficio se le conocía como: experto nuclear, nivel III en ensayos no destructivos. En la actualidad sigo siendo consultor y, con singular constancia en este oficio que nunca he interrumpido, creo haber recorrido paulatinamente a lo largo de estos 25 años todos los peldaños de una evolución profesional bastante coherente. Tras pertenecer a varias compañías y desempeñar distintas responsabilidades funcionales, en la actualidad, probablemente como último tramo de esa escalera profesional a la que me he referido, aunque sigo siendo consultor, ejerzo de director general de una firma que yo mismo fundé hace ya algunos años.

A partir de esta breve introducción, permitidme que hable de mi madre. Aún hoy… mi madre sigue estando preocupada porque no entiende bien como me gano la vida. Aún hoy… mi madre sigue sin tener nada claro cuál es mi profesión. Aún hoy… mi madre sigue sorprendiéndome frecuentemente con una profunda reflexión:

– Pero tu hijo mío, ¿realmente en qué trabajas? Ricardo es médico, Joaquín es arquitecto o Jesús es farmacéutico, y está bien claro como se ganan la vida… pero contigo, no soy capaz de explicarlo. Cuando me preguntan en qué trabaja “tu chico”, no se muy bien que contestarles porque yo misma tampoco lo entiendo. ¿Cómo te pueden contratar bancos, hospitales o fábricas para que les aconsejes lo que tienen que hacer? ¿Qué puede saber un físico de esas cosas? No lo entiendo, la verdad, me comenta mi madre al menos cada navidad sin mostrar demasiada esperanza en que mis explicaciones de siempre, logren desvanecer sus dudas de siempre.

Hoy, este sábado de junio, mi madre está de suerte, porque aprovechando nuestra celebración y este comprometido encargo de explicar en no más de cinco minutos mi profesión, le haré llegar una fotocopia de estos folios y dispondrá así de algunos argumentos más para poder contestar, cuando en los cafés con sus amigas… casi todas viudas y agraciadas con hijos dentistas o abogados (y en consecuencia de oficio definido y conocido), le sigan preguntando: Por cierto Josefina, ¿en qué me dijiste que trabaja el chico?

Como ya os había adelantado antes de acordarme de mi madre, soy y siempre he sido, consultor. Mi especialidad en este oficio de aconsejar a organizaciones, empresas y directivos sobre lo que deberían hacer, es el desarrollo e implantación de modelos de gestión soportados por metodología TQM. Como este foro es de total confianza, (y como además mi madre va a tener una fotocopia de estos papeles), me permito declarar abiertamente y sin muestra alguna de pudor, que dentro de esta especialidad soy experto en “el diseño de estrategias competitivas focalizadas en el cliente”. Seguramente, ahora buena parte de vosotros estéis ya comenzando a comprender muy bien a mi madre.

Especialista en el desarrollo e implantación de modelos de gestión soportados por metodología TQM, experto en el diseño de estrategias competitivas focalizadas en el cliente (Hay que ver lo que impresiona cuando lo ves escrito). Seguramente, ahora buena parte de vosotros no sólo ya estéis comenzando a comprender muy bien a mi madre si no que incluso también empezáis a entender las dudas de sus amigas, y en estos momentos ya os estéis preguntando: ¿Cómo es posible que alguien se pueda ganar la vida con un oficio, como este que os acabo de anunciar? Siento mucho no disponer de tiempo suficiente como para resolveros, aquí y ahora, esta duda, la verdad es que ya no dispongo de tiempo ni tan siquiera para intentar justificaros que mi oficio no es ilegal; ahora, ya solo tengo un minuto para concluir esta breve intervención respondiendo a otra cuestión, que estimo más importante y que además estoy seguro que la mayoría de vosotros (al igual que mi madre desde hace 25 años), también os estaréis planteando ahora:

¿Qué hace un físico en una profesión como esta? Os daré mi opinión, lentamente fraguada y repetidamente contrastada a lo largo de los años.
• Ser físico te capacita para ser un excelente profesional en cualquier campo al que la vocación o la casualidad te derive.
• Ser físico te proporciona una excepcional preparación universitaria para poder abordar cualquier proyecto laboral independientemente de la especialidad de la que se trate.
• Ser físico te cualifica para aspirar a cualquier posición ejecutiva dentro de cualquier organización y en cualquier sector productivo.

Cuando un crío de 20 años es capaz de comprender la importancia de las variables complejas expresadas mediante el alfabeto griego… y no se entrega a la bebida para olvidar… Cuando un chaval de 20 años es capaz de asumir la importancia del cálculo de la probabilidad que tiene un electrón de encontrarse en un determinado espacio y momento… y no tiene que recurrir a las anfetaminas para recuperarse… Cuando un muchacho de 20 años es capaz de entender la importancia de la ecuación de Schrödinger con sus bonitas laplacianas al cuadrado… y no termina integrado en una secta psicodélica para superarlo… es indudable que ese joven de 20 años está preparado para superar los más ambiciosos retos laborales.

En suma, opino que cuando en plena juventud (casi en la adolescencia vista desde hoy):
• Se es capaz de intuir la criticidad de la fuerza de Coriolis para que el mundo siga dando vueltas…
• Se es capaz de apreciar la relevancia de los conceptos de entropía y entalpía, o de la interacción de la luz y la materia…
• Se es capaz de comprender que sin el estudio de las aberraciones cromáticas o sin el desarrollo de la física cuántica, la humanidad no habría llegado hasta aquí…
Y además, se es capaz de todo eso sin claras manifestaciones de enfermedad psicológica alguna (“sin enfermar”, que dicen en mi pueblo)…

Ese joven os garantizo que está excepcionalmente preparado para desempeñar cualquier trabajo.

Todos nosotros, que durante aquellos años tuvimos la fortuna de convivir, sin desmayar, sin abandonar (y sin enfermar), con Einstein, Planck, Schrödinger o Pauli, estábamos preparados para el éxito profesional tan bien como los mejores… pero ¡ojo! con una gran ventaja sobre todos ellos: que nosotros además lo podíamos demostrar en cualquier profesión. A lo largo de estos 25 años he contratado a psicólogos, ingenieros o biólogos, he trabajado con mba’s de Boston, químicos de Sarria, ingenieros de Icai o economistas de Deusto, y lo que puedo confesaros desde mi experiencia… es que cada día que pasa sigo confirmándome más en la opinión de que ser físico es un verdadero lujazo, de que los físicos somos gente muy preparada, gente capaz, y es por ello por lo que cada día me siento más orgulloso de haber compartido con vosotros estas aulas (aunque alguno ahora me recordará en voz baja que yo de asistir a las aulas más bien poco).

Antes de concluir en exactamente 5 minutos, quiero aprovechar esta excepcional ocasión para agradecer públicamente a mi madre la mucha paciencia que tuvo entonces conmigo y con mi escaso ritmo de papeletas anuales, lo que me permitió la gran suerte de ser hoy vuestro colega. También quiero agradeceros a todos vosotros, después de 25 años, vuestra ayuda de aquel entones, y vuestra compañía de hoy. Muchas gracias y felicidades.

Fco. José Gutiérrez Martínez

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